Asistencia a clientes en todo el mundo: la vida como jefe de gestión de proyectos

Por Lukas Rosenkranz, jefe de gestión de proyectos, Koenig & Bauer Durst.
Cuando la gente me pregunta cómo es ser jefe de gestión de proyectos en Koenig & Bauer Durst, suelo sonreír y responder: «No hay dos días iguales».
En Koenig & Bauer Durst, el éxito de nuestros clientes es nuestra prioridad. Queremos garantizar que nuestros sistemas ofrezcan un rendimiento fiable y rentable.
1. Instalación, asistencia y optimización en toda Europa
Mi trabajo me lleva por toda Europa, desde Alemania hasta España e Inglaterra, donde trabajo codo con codo con los clientes en la instalación y asistencia de nuestras máquinas Delta SPC 130.
Pero el trabajo no termina con la instalación. Vuelvo a visitar a los clientes meses después para observar, asesorar y ayudarles a sacar el máximo partido a sus máquinas.
Gracias a mi formación en mecatrónica y automatización, a menudo puedo ver detalles que otros podrían pasar por alto. Esa formación me ayuda a detectar problemas sutiles en la producción, cosas que pueden marcar la diferencia entre la frustración y un resultado impecable.
Paso todo el día en las instalaciones del cliente, observando, comprobando cada componente y trabajando con proveedores externos para mejorar el rendimiento. A veces esto supone horas de ajustes, seguidas de informes detallados y sesiones de formación para garantizar que el equipo del cliente se sienta seguro.
2. Convertir los retos en éxitos para los clientes
Una de las partes más gratificantes de mi trabajo es transformar los retos en historias de éxito.
He visto a clientes empezar el día enfadados porque su equipo no funcionaba correctamente, para terminar el día aliviados y felices después de que resolviéramos el problema juntos.
Las empresas externas suelen aportar sistemas complejos de reducción de errores, y yo trabajo en estrecha colaboración con ellas para integrar las mejoras. Ver que la línea de producción del cliente funciona sin problemas después es siempre satisfactorio.
Para mí, el silencio es oro: si no tengo noticias de un cliente, significa que la máquina funciona perfectamente. Ese es el objetivo final.
Solo el año pasado, pasé entre 11 y 12 semanas en el extranjero prestando asistencia a clientes. Cada país supone nuevos retos, nuevas culturas y nuevas oportunidades de aprendizaje, incluida la mejora de mi inglés.
Es un trabajo exigente, pero cuando los clientes alcanzan el éxito, el alivio y la felicidad en sus rostros hacen que merezca la pena.

